miércoles, 25 de abril de 2007

LA BARANDILLA DEL POLIDEPORTIVO

Ayer por la mañana, tras algunos días en que no puede acudir a mis rutinarios ejercicios de rehabilitación en la piscina del polideportivo municipal, observé con sorpresa que el acceso a la misma disponía de una barandilla metálica. Barandilla que tenía como objeto facilitarnos la penosa obligación de hacer frente a la subida y bajada de la rampa que separa el polideportivo de la calle.
Tras tantos años, tras tantas reuniones con los responsables del ayuntamiento, tras tantas promesas y tanta paciencia derrochada por nuestra parte, esta barandilla deberíamos entenderla como un gesto de buena voluntad antes de que se acometa y resuelva el problema de forma definitiva llevando a cabo la construcción de un nuevo acceso que permita la llegada a la piscina del polideportivo independientemente de las dificultades de movilidad que cada uno tengamos. Esta solución, que entiendo provisional, sigue haciendo muy penoso el empujar una silla de ruedas por la rampa actual.
Por ello, aunque reconozco que soy exigente por naturaleza y nunca estoy satisfecho del todo con nada, en este caso la solución que nos han ofrecido paradójicamente se ha convertido en otro problema. Y es que las prisas nunca son buenas consejeras. No sé el motivo de estas prisas, aunque me lo imagino y me lo callo, pero cuando se ha replanteado la ubicación de la barandilla nadie ha tenido en cuenta que se ha instalado en el lado izquierdo, donde mayor pendiente tiene la cuesta y más dificultad tiene el superar la rampa existente.
Tanta es la dificultad que para algunas personas nos resulta imposible superar este obstáculo, incluso con la ayuda de la barandilla. Además, probablemente también las prisas, la última parte del recorrido no está cubierto por la nueva ayuda y, en consecuencia, debemos superar el último repecho de la rampa sin ninguna ayuda y situados en la zona más peligrosa de la rampa.
Por último, tampoco se ha pensado que no todos necesitamos ayudarnos de una barandilla utilizando el mismo lado. Unos necesitamos ayudarnos del lado derecho y otros del lado izquierdo. Y, como parece lógico, si bajamos aprovechando que la barandilla está en nuestro lado bueno, no lo estará al subir. Y habitualmente, cuando finalizamos nuestros ejercicicos en la piscina nos gusta volver a nuestra casa.
Son muchas pegas, parece que soy muy exigente, pero es que todo esto quizá no hubiese sucedido si, como les hemos rogado infinitas veces a los responsables municipales, antes de acometer este tipo de mejoras nos consulten sobre la mejor manera de hacerlas. No somos expertos en obra civil o en la instalación de materiales de uso urbano, pero somos unos usuarios de gran experiencia.
Cuando acabé mi sesión de rehabilitación, y contemplé la barandilla un enorme sentimiento de de fracasó me dominó. Tanto esfuerzo por parte de Cojimancos para que la solución final sea algo que tiene escasa utilidad para los que la necesitamos pero sea valorada positivamente, como mejora que confirma el compromiso de los responsables municipales, por los que no la necesitan.